Tras dos años sin una figura del toreo en Lima, Andrés Roca Rey volvió a su tierra natal para ser el triunfador total de la Feria de la Esperanza en Lurín. Aprovechó su regreso para conversar con COSAS sobre su profesión y el cariño que le tiene al Perú.

Nos recibe en el Fundo Valentín, en el histórico distrito de El Carmen, en Chincha. Allí, el diestro peruano Andrés Roca Rey tiene un espacio de retiro y entrenamiento para sus largas temporadas taurinas, que lo hacen recorrer España, México, Colombia, Ecuador y, por supuesto, el Perú. 

Siempre sonriente, abre la puerta de su casa al equipo de COSAS. Se extraña un poco al ver lo poco ortodoxas que son las prendas de moda que le llevamos, pero eso no lo va a detener. “Yo me pongo todo”, le dice a su sorprendido mozo de espadas. Y es precisamente esa actitud, esa determinación, la que lo hace triunfar en su profesión.

Hace pocas semanas, Andrés regaló una faena a Mario Vargas Llosa por su cumpleaños 85, en el exclusivo festejo que realizó en Madrid. “Son los dos peruanos más exitosos del mundo en este momento”, se escuchó decir a más de uno. Andrés se sonrojó ante la equiparación con el Nobel, según cuenta una fuente.

¿Por qué eres torero? ¿Qué es lo que te motiva? 

Desde siempre soñé con ser torero. Desde que tengo uso de razón, mi familia me llevó al ambiente taurino y yo siempre decía que quería ser torero. No sé si al principio lo decía de verdad, pero de lo que sí estoy seguro es que cuando toreé mi primera becerra, que fue a los siete años, me convencí plenamente de que era lo que me haría feliz y lo que me haría conseguir mis sueños en esta vida. Por eso lo decidí desde tan temprana edad, y aunque sea una profesión muy dura, como sabemos los que estamos dentro, para mí es la más bonita y placentera.

¿Qué sentiste a los siete años, luego de darle unos pases a tu primera becerra? ¿Cuál fue tu sensación? 

Me acuerdo que el primer pase que di a esa pequeña becerrita fue una voltereta, porque no sabía torear. Me cogió, y sentí por primera vez la adrenalina y el respeto hacia un animal que, por más chico que fuera, porque era muy chica la becerrita, me dio ese respeto que hay que tener a los animales y que los toreros tanto le tenemos al toro bravo.

¿Para ti qué significa dar fin a la vida del toro, si es un animal que quieres tanto?

En la vida, lo único seguro que tenemos tanto para mí como para cualquier persona, como para cualquier animal o ser vivo, está claro que es la muerte, y a algunos les toca morir de una forma y a otros de otra. A los pollos se les da otra muerte, para comer, a los toros de engorde, etcétera. El toro bravo tiene la suerte de pelear. Además, no se le mata por matar, sino también porque se tiene que comer, y como cualquier animal y como cualquier ser vivo, como cualquier persona, todos tenemos un fin. 

¿Crees que el mundo taurino deba modernizarse en ciertos aspectos? ¿En cuáles crees que deberían ser? 

Es un mundo que viene desde hace mucho tiempo y, por lo tanto, al ser una tradición antigua, tiene formas muy arraigadas. No sé si decir que ir elegante a una plaza de toros significa ser antiguo. No sé si decir que un torero se vista de luces con un traje tan bonito se llame ser antiguo. No sé si decir que un hombre en el siglo XXI esté dispuesto a entregar su vida con tal  de crear arte signifique ser antiguo. No lo sé. Lo que sí creo es que es un mundo que me apasiona, que apasiona a mucha gente desde hace muchos años, y eso no es casualidad.

¿Cómo manejas el miedo cuando estás en el ruedo? 

El miedo es algo que existe y no se te va del cuerpo en prácticamente ningún momento. Si no hay miedo, no hay valentía, porque no hay nada que superar. Cuando uno supera ese miedo y cruza esa línea  entre el agua y el fuego, entre lo frío y lo caliente, es cuando nace la magia de este espectáculo. Cuando uno está dispuesto a darlo todo y se olvida del cuerpo y torea con el alma y expresa de verdad, es cuando eres feliz y cuando haces feliz a la gente que te está viendo.

¿Cómo es la relación con la familia en la vida del torero?, porque, hablando del miedo, el miedo no solo es tuyo, y en esta profesión puedes perder la vida cualquier día.

Sí, es verdad que muchas veces los toreros somos egoístas en ese sentido con la familia. Arriesgamos quizá demasiado en algunos momentos, y no nos damos cuenta de que quizá en el tendido o por la tele hay gente que nos quiere y nos está viendo, pero esta es una profesión que es dura también por esos motivos, ¿no? 

Te fuiste a los 14 años a vivir a Europa y dejaste a tu familia. ¿Cómo es hacer una carrera como torero siendo extranjero?  Hay que luchar contra la corriente en muchos momentos. No solamente como torero, sino creo que en cualquier profesión, siempre hay obstáculos y circunstancias que no quieren que sigas avanzando. ¿Podrías darnos un ejemplo de una de esas circunstancias adversas? 

Me acuerdo cuando me fui por primera vez a España. Tenía 14 años y era un momento decisivo en mi vida. Dejaba el colegio atrás, dejaba a la familia, a la ciudad, a los amigos, y está claro que son circunstancias que muchas veces te pueden echar para atrás. Luego, la afición, la ambición, los sueños son los que te hacen pensar en frío y ser capaz de afrontar esos momentos tan duros, de dejarlo todo para conseguirlo todo. 

¿Cómo ves tu relación con el Perú? ¿Cómo sientes ser un peruano de éxito internacional? ¿Cuál es la conexión con tu patria? 

Siempre me he sentido muy peruano donde haya ido, y lo digo aquí y en China si hace falta. Estoy orgulloso de haber nacido en este país con tantas virtudes. Muchas veces, cuando estamos dentro le vemos lo negativo, pero cuando sales se ven las cosas distintas, y te das cuenta de que en todos sitios hay cosas negativas y positivas, y creo que el Perú tiene cosas increíbles. La cultura, la comida, ya nos hemos dado cuenta de lo que somos capaces de hacer con ello. Los bailes, la música, el folclore, el arte, la historia que tiene este país no es normal. Es un país con gente muy pura, y es bonito cuando las cosas salen del alma, como nos sale a los peruanos muchas veces. En cuanto a lo taurino, en el Perú se vive un momento, desde mi humilde opinión, creo que increíble. Te hablo fuera del covid, fuera de la pandemia y todo esto, porque hoy todas las profesiones están empezando nuevamente. Pero fuera del covid, es un país que ha evolucionado en lo taurino. Se siguen haciendo plazas de toros, las personas aman el ganado, crean ganaderías nuevas, hay muchísimas, hay una afición desmedida sobre todo en los pueblos del Perú, en la sierra, en Cajamarca, en Arequipa. En fin, creo que estamos viviendo un momento muy bueno para la tauromaquia, y del cual tenemos que aprovechar y sacarle el mayor partido posible, para que esta cultura y tradición que tenemos pueda ir mejorando y formalizándose. Afición hay de sobra, por lo que yo he vivido. 

El presidente Pedro Castillo es taurino, ¿le brindarías un toro si te fuera a ver? 

Me alegra muchísimo que el presidente sea muy taurino. Es un orgullo que sea taurino, que venga de Chota, que es un sitio en el cual he toreado muchísimas veces. Es un pueblo que a mí me resulta de lo más apasionado y que más respeta la tauromaquia. Me enorgullece lo que me estás diciendo. Que el presidente Pedro Castillo sea taurino y que quiera ir a los toros. Espero que, así como es taurino, apoye a la tauromaquia y que seamos todos felices. 

Durante la cuarentena realizaste una serie de acciones benéficas, como donar millares de mascarillas o respiradores. ¿Piensas seguir realizando obras de caridad? 

En momentos tan duros, había que echar una mano a las personas que lo estaban pasando peor. Me sentía bien y me sentía feliz aportando con un pequeño granito de arena, y está claro que me gustaría seguir ayudando a mi Perú en los momentos que se pueda y que se deba

FUENTE Y FOTO: Prensa Roca Rey (COSAS PERU)